No sé viajar sin disfrutar


Sí, no sé viajar sin disfrutar y es que encuentro felicidad en las pequeñas cosas, en los pequeños detalles. No puedo evitar detenerme a cada instante para tomar mil fotos, para admirar la belleza que habita en las cosas que muchos dan por irrelevante o innecesario. Suelo decir que tengo un alma joven e intento disfrutar como una chiquilla. Es por esto, que me emociona hasta el alma cada cambio inesperado que va ocurriendo en el camino. Por tanto, confieso soy una contradicción andante. ¡Lo sé! Cuando se trata de viajar, mi filosofía de la perfección, del orden y la disciplina se quiebra por completo, apelando a mi lado más aventurero, más salvaje, más osado.


Es de este modo, que nace nuestra aventura más alocada (de este viaje) que durará menos de 24 horas, pero jamás olvidaré. Durante nuestra estadía en NYC surgió un comentario por parte de uno de los viajeros, que nos retaba a dejar todo por un día e irnos a Washington DC. La propuesta no se había finalizado cuando ya teníamos nuestros boletos en mano para marcharnos a las 6:00 a.m. del siguiente día. Fue la decisión menos analizada y más rápida tomada.





En un abrir y cerrar de ojos ya estábamos en DC gozando del buen clima, de la belleza primaveral que allí comenzaba a renacer… Visitamos en tan solo siete horas varios museos y pudimos admirar las bellezas construidas por el hombre.
Me enfrenté a una realidad distinta, a un modo de viajar diferente a relacionarme más con personas cercanas a mí, pero con filosofías disímiles.

 






¿Lo mejor de todo?... El haber vivido algo nuevo, el haberme permitido salir de mi estructura, de mi plan organizado, el haberme permitido relacionarme de manera más cercana a otras personas, esas personas que forman parte de mi diario vivir.  

"Construye tus sueños cada día" - Nómada en mi país ©2017

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