¿Es posible viajar sin aprender?


Para mí es un no rotundo. Cada día, cada tiempo, cada espacio y todas las personas que te rodean tienen algo que aportar en tu vida y esto contribuye al aprendizaje.

Soy inmensamente feliz deteniéndome para hacer mil fotos y es a través del lente de mi cámara que aprendo a apreciar las pequeñas cosas, esas que muchos dan por olvidado o pasan desapercibido. Y en New York todo es tan grande, nada pasa desapercibido y quieres evitar volverte loco admirando tanta diversidad cultural, histórica, social, artística. Es una sensación abrumadora fascinante.


Por lo general, esto me sucede y no soy capaz de resistirme a tanta belleza. Esto sucedió cuando entré al Museo Americano de Historia Natural –“American Museum of Natural History”. Me enamoré como se enamora los niños de un juguete. Quedé fascinada ante tanta historia, tanta educación. Estar frente a maquetas y artefactos que te explican algunas culturas indígenas, la educación del ser humano (para mí fue lo más que me gustó), la historia del planeta, la vida en el océano y mucho más; fue sin duda alguna lo mejor de mi viaje.




No negaré que es un poco confuso para mí el amor y el odio que sentí estar frente a tantos animales expuestos de manera mágica y tan real. Lo cierto es que no sé si son maquetas o en efecto, animales disecados. Si fuera de esta última forma, espero que no hayan muerto de manera salvaje en manos del ser humano.





Dicho sea de paso, recomiendo el “American Museum of Natural History” a todas las personas que les interese continuar desarrollando sus conocimientos. Y, haciendo un paréntesis, la película “Night at the Museum” está basada en el libro para niños “The Night at the Museum” escrito por Milan Trene y utilizaron como referencia para hacer el rodaje al Museo Americano de Historia Natural.



¡Recomendado para toda la familia!

¡Construye tus sueños cada día! - Nómada en mi país ©2017

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