St. Kits, recorrido corto, pero necesario


Llego el viernes y ya se siente que los días pasan volando. Aún no me podía creer que había quedado enamorada de St. Lucia. Me levante temprano como todas las mañanas para ver el amanecer. Este sin duda es el amanecer más hermoso que he viso en mi corta vida. La mañana prometía. Despertar y ver el cielo iluminado de esa forma es una perfecta imagen para un cuadro perfecto.

El puerto de St. Kits es uno lleno de colores. Rápido me dispuse a bajarme, comencé a caminar, entrar a las pequeñas tiendas que tereques, y por una extraña razón no sentía deseos de salir fuera del puerto. Aún así, lo hice. Supongo que en Puerto Rico hay muchos lugares donde la pobreza esta a flor de piel, pero ver las imágenes de un lugar tan descuidado, me rompió el corazón. El puerto era una cortina que opacaba la realidad de una isla independiente y que busca salir hacía adelante cada día.


Tuve torbellinos de emociones. Coraje, dolor, tristeza... en realidad sentí tanto que decidí regresar al barco y pasar el resto del día reflexionando sobre lo que tengo, lo que deseo y lo que verdaderamente importa. En ese momento sentía que mi presencia era una burla al dolor ajeno. ¿Cómo no puedo hacer nada para ayudar a quienes lo necesitan?  ¿Cómo un gobierno permite que su gente viva en tal condiciones? No sé muchas cosas, pero sí sé que me gustaría que mi presencia ya sea de paso, aporte positivamente en la vida de quienes me rodea. 












Fotos por: Nómada en mi país
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