Zoológico de Mayagüez


¿Estás buscando un lugar económico, educativo y divertido para llevar a tu familia? 

Hace varios meses estuve de paseo en el pueblo de Mayagüez. Buscando una alternativa a lo que siempre hago cuando visito a ese pueblo, me vinieron varios “flash back” de mi niñez. Siempre me han gustado los animales, disfruto verlos jugar, o simplemente reposar. No me gusta verlos en cautiverios, limitando su espacio y alejándolos de su habitat natural. La ambición del ser humano es tan grande, que a veces se nos olvida que la educación y la diversión también pueden llegar hacer daño. 



Ese día me encontraba en una encrucijada. Quería visitar el zoológico de Mayagüez, el mismo que visite cuando tenía 8 años y me permitió el primer encuentro con el elefante, animal que siempre digo representa mi ser. Me dispuse a recorrer todo el zoológico para ver como mi interior se arrugaba de dolor al ver aquellos animales en espacios limitados, que yo, siendo más pequeñas que ellos no podría sobrevivir. Animales que habían sido creados para ser libres, volar el infinito cielo, ahora se encuentran limitados a un espacio que no les permite abrir sus alas. Osos, de compostura gruesa, peludos e intimidantes, parecen cuerpos pellejudos con miradas vacías y somos nosotros quienes intimidamos su ser. Una especie que acostumbra a estar en compañía, recorrer las praderas, ahora se limita a estar en soledad, acercándose a los visitantes, limitado por una verja que al parecer lastima al animal si se acerca demasiado. Así como estos, muchos más.



De niña no veía el daño que se les hace a estos animales. Me parecía divertido visitar el zoológico pues me permitía ver a aquellos animales feroces, muy de cerca. Creía que era un lugar educativo, pero ahora entiendo lo equivocada que estaba. Pero más preocupante me parece ahora mi actitud. Me encuentro en una situación donde pienso que si no visito el zoológico, estoy contribuyendo a que estos animales se enfermen y mueran. Pero a su vez, siento que contribuyo al maltrato intencionado o no, cuando pago por verlos en espacios limitantes, donde están muy lejos de sentirse libres como para lo que fueron creados.

Sé que devolver a estos animales a su habita no es la solución, pues morirían y estaríamos haciéndoles un daño peor. Claro, tampoco puedo negar que me encanta ver a Mundi, el elefante. Me parece que entiende las palabras de cada visitante y ama que lo fotografíen. Pero quisiera que fuera otra realidad para cada uno de esos animales que se encuentra en el zoológico. Quizás que las estructuras, las cercas y el espacio en si, donde duermen se vean más limpios, que las águilas y los osos tengan más espacios. Que haya más personal, y tal vez un guía donde eduquen a los visitantes sobre cada especie que allí tienen. Que el trato hacia los animales y a hacia los visitantes sea uno más humano, más cercanos.    








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